Una lengua franca reduce los costos de transacciones a través de las fronteras; cuanto más ampliamente se adopta el inglés, más ahorros genera. Aunque hay evidencia de que el ritmo de la globalización está disminuyendo, el comercio internacional es una parte significativa de la economía mundial, las exportaciones representan alrededor del 20% de la producción económica mundial. Consistentemente, encontramos una correlación entre la facilidad para hacer negocios y el dominio del inglés de un país, así como entre hablar inglés y el rango de los indicadores relacionados con la logística.

Desarrollo de capital humano.
Para las economías mundiales, un buen dominio del inglés guarda relación con un mayor producto interior bruto, mayores ingresos netos y una productividad superior (Gráfico C). Conviene aclarar que no existen pruebas de que este éxito económico esté fomentado por un buen dominio del inglés. Sin embargo, la compleja relación entre competencias lingüísticas y crecimiento económico —por un lado, una mayor riqueza facilita más formación en inglés, y por otro, las habilidades en inglés contribuyen a que las economías sigan siendo competitivas— subraya el papel que el inglés puede jugar en esquemas más amplios de crecimiento.

El inglés da sus frutos económico. En los países en desarrollo, la transición a una economía basada en el conocimiento requiere la creación de una infraestructura y una fuerza laboral capacitada que sea capaz de ofrecer servicios a nivel internacional. En los últimos 30 años, muchas economías emergentes cerraron la brecha con los países más ricos gracias a la producción industrial. Con la disminución de esas oportunidades, deberán enfocarse más en la educación, tanto para niños como para adultos, si quieren aprovechar las oportunidades de comercio internacional y desarrollar industrias del sector de servicios. Encontramos una correlación entre el nivel de desarrollo de capital humano de un país y su dominio del inglés (Gráfica D).

Servicios a distancia.
Los servicios representan una parte en crecimiento de la actividad económica mundial, pero son más difíciles de exportar que los bienes. Los iPhones pueden enviarse a cualquier lugar; los contadores no. Hay una correlación entre el dominio del inglés y las
exportaciones de servicios de un país, así como del valor agregado por trabajador en servicios. Al incrementarse la complejidad y sofisticación del intercambio económico, también se incrementa la demanda de competencias lingüísticas. Un creciente número de programas de Maestrías en Administración de Empresas (MBA) demandan tener fluidez en inglés y en un segundo, y en ocasiones un tercer, idioma.

Confíen en mí, hablo inglés.
Hablar el mismo idioma que los socios comerciales no solo es una necesidad técnica, también es la base para crear confianza.

Esa confianza se refleja en los datos: el economista Pankaj Ghemawat estima que los países que comparten un idioma tienen un 42% más de comercio entre ellos que lo que tendrían si no compartieran el idioma.

Aunque la tecnología y la IA apoyarán cada vez más en las traducciones de rutina, estamos muy lejos de tener una máquina de idiomas que pueda comprender los matices culturales con los que los humanos navegan en la comunicación diaria.

Lejos de ser el ambiente comercial exclusivamente en inglés que condenan los puristas del idioma, las empresas multinacionales de hoy en día se comprometen en un panorama de diversidad lingüística. Es cierto que hay una motivación para usar el inglés como el medio de comunicación más rápido y barato entre las personas que hablan diferentes idiomas, pero la inversión en otros idiomas también es alta. De acuerdo con las agencias nacionales de promoción de los idiomas, en la actualidad, al menos 150 millones de personas están estudiando francés, español o chino como idioma extranjero. Hay una ganancia enorme de confianza al aprender el idioma nativo de los socios.

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